Entre la revolución industrial y lo freelance

El 2020 fue un año peculiar. Nos enseñó lo desigual que es el modelo en que vivimos, hubo un gran avance científico gracias a la cooperación entre naciones y aprendimos de cambio, de resiliencia y de lo importante que puede llegar a ser el mundo digital. ¿Eres de las personas que trabaja desde lo virtual? ¿O aún vas a la oficina? 

Yo soy del equipo que siempre está de home office. Por tratarse del 2020, creo que me ha ido bien. Sin embargo, mis días tienen algo en común; me siento cansada, cada vez tengo menos tiempo para mí y estoy permanentemente conectada a las redes sociales. Cuando me dedico al ocio, siento que debería estar haciendo algo. Y me he sentido culpable por descansar. Quizá te suene familiar: burn out, le llaman. Platicando con algunas amigas, me encontré sentires similares ¿Hasta donde hemos dejado entrar al trabajo virtual a nuestros hogares, que nos persigue incluso en sueños?

“La imagen de un trabajador que vende libremente su trabajo, o que entiende su cuerpo como un capital que ha de ser entregado al mejor postor, está referida a una clase trabajadora ya moldeada por la disciplina del trabajo capitalista. Pero no es sino hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando puede vislumbrarse un trabajador como éste”

Federici, 2004
Feminista Silvia Federici

Lo anterior es un poco de Calibán y la bruja; mujeres, cuerpo y acomulación originaria; se trata de un libro en donde Silvia Federici, profesora y activista feminista, sitúa a la sanguinaria persecución contra la herejía y las brujas, principalmente mujeres, como parte fundamental para el desarrollo y consumación del capitalismo. En concreto, el párrafo es del capítulo tres, “La lucha contra el cuerpo rebelde”, en donde analiza la relación entre la pérdida de lo mágico en el cuerpo como resultado de las ideas de La Ilustración y el modelado de una clase trabajadora complaciente y dócil. 

¿Acaso somos los freelance el sueño dorado de aquel capitalismo naciente?

La crisis sanitaria destapó la importancia de internet y de tener estrategias flexibles que se adapten a lo virtual, pero también subrayó y ahondó en las desigualdades para el acceso a la tecnología, la repartición de las tareas domésticas y la escasa legislación para regular el trabajo a distancia, al menos en México, país en donde es reciente que se legisle pensando en las consecuencias del estrés en el trabajo o en buscar una desconexión digital y respetar horarios. A esto añadamos a los patronzuelos que no respetarán la legislación, igual que no aseguran a empleados y demás; ¿cuántas veces hemos pasado por esos tres meses de prueba godín en donde no tienes nada? Porque claro, una decide no enfermarse por tres meses. Sencillo.

“El desarrollo de la«máquina humana» fue el principal salto tecnológico, el paso más importante en el desarrollo de las fuerzas productivas que tuvo lugar en el periodo de la acumulación primitiva. Podemos observar, en otras palabras, que la primera máquina desarrollada por el capitalismo fue el cuerpo humano y no la máquina de vapor, ni tampoco el reloj”

Federici, 2004

Dentro del mismo capítulo, Federici menciona a las estrictas legislaciones sociales impuestas en la Inglaterra del siglo XVI, en las que se prohibía cualquier actividad relacionada al goce, al ocio y a todo aquello que pudiera entorpecer el trabajo, como los juegos de azar. Pero estas prácticas encaminadas a modelar una conducta en nosotros, la masa, no funcionó por si sola; fue necesario cambiar el modo de ver de nuestros cuerpos, para poder controlarlos. En aquellos días, no sólo el mundo estaba lleno de magia, como fechas de la suerte u horas donde no era buena idea salir, sino también nuestros cuerpos; tras los estudios anatómicos y las ideas de Ilustración, se consiguió despojar al cuerpo de su magia. Entonces, la muerte de un obrero dejó de importar, porque se trata de una máquina reemplazable.

¿Hasta dónde nos suena esta realidad? Por supuesto que hoy en día hay un marco legislativo distinto pero, ¿en serio tenemos tiempo para el ocio? ¿qué es de nuestros días, en el ir y venir de un empleo precario, o tras lo virtual, en línea más allá de lo establecido? Incluso nos hemos privado de la desconexión y la relajación, lo que además de problemas de salud, nos deja sin tiempo para el ocio. Tiempo en el que podríamos nutrirnos, aprender, compartir y crear.

Queda entonces no sólo cuestionarnos, sino defender y cultivar nuestro tiempo libre y nuestros pasatiempos. Compartir lo que sabemos y procurarnos un momentito en nuestros días. Practicar el autocuidado; hacerlo hábito, desconectarnos y aprender siempre que nos sea posible.

Me he hecho costumbre escuchar podcast y audiolibros mientras diseño; por supuesto que nunca va a compararse a la experiencia de tener un libro entre las manos, olerlo y hacer anotaciones en sus páginas, pero es una manera de seguir aprendiendo. Encontré este capítulo, “La lucha contra el cuerpo rebelde”, en Alecturarnos: un proyecto de lectura en voz alta de Morras Chambeando. Es gratuito, por amor a extender el conocimiento. 

Si te interesa, dejo sus redes. Date una vuelta y coméntanos qué escuchaste.

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Referencias:

Federici, S. (2004). Calibán y la bruja; mujeres, cuerpo y acomulación originaria. Madrid:Traficantes de sueños.

Escrito e ilustrado por Cereza Flotante


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