Maya Deren, la mujer que rompió todas las reglas del cine antes de que existieran reglas que romper.

Si creías que las películas experimentales eran cosa de hombres barbudos en blanco y negro, detente ahí porque te tengo un chisme del bueno: Maya Deren, la mujer que rompió todas las reglas del cine antes de que existieran reglas que romper. Y no con millones, ni grandes estudios, ni efectos especiales… sino con un par de rollos de película, ideas de otro mundo y una fuerza que te sacudía el alma.

Maya no nació Maya. Su verdadero nombre era Eleonora Derenkowskaia, y ya desde ahí sabías que venía con historia. Nació en Ucrania en 1917, pero su familia emigró a Estados Unidos huyendo del caos. Lo interesante es que, desde niña, Maya no se acomodaba. Le gustaba leer, escribir, bailar, cuestionarlo todo. Como si el mundo real le quedara chico. Y así fue como, de pronto, apareció en la escena artística de Nueva York, con el pelo salvaje, los labios intensos y una cámara en la mano 🎥🔥

Y lo mejor: Maya lo escribió, lo actuó, lo dirigió y hasta lo editó. Con sus manos. Con su cuerpo. Con su mirada.

Pero ella no se detuvo ahí. No, no, no. Mientras los demás esperaban a que Hollywood los llamara, Maya decía: “el cine es una forma de poesía visual”. No buscaba contar historias lineales. Buscaba emociones, sensaciones, rupturas del tiempo. Filmaba en la playa, en escaleras, entre sombras, como si el cine fuera una extensión del alma. Porque para ella, lo era.

Era también bailarina. Por eso su cámara se movía con ritmo, con pulsación. Hacía planos que parecían coreografías. De hecho, su conexión con la danza fue tan fuerte que incluso fue a Haití para documentar rituales vudú, no como turista, sino como participante. Se adentró tanto en los misterios del trance y lo espiritual, que muchos decían que Maya ya no hacía cine… hacía hechizos.

Maya no solo vivía para el arte, lo respiraba. Era vegetariana cuando nadie más lo era, se vestía con ropa hecha por ella misma y tenía una biblioteca que parecía la cueva de una alquimista: libros de mitología, física cuántica, poesía surrealista, tratados de ocultismo y teoría del cine, todos subrayados, anotados, leídos hasta el cansancio 📚✨. 

Le gustaban los gatos —claro, ¿cómo no?— y muchas veces escribía a mano en cuadernos donde combinaba sueños, ideas para películas y reflexiones filosóficas. Tuvo varios matrimonios, algunos muy breves, pero siempre fue fiel a una sola cosa: su independencia. Se ganaba la vida como podía, a veces editando textos, otras como secretaria, pero cada centavo lo invertía en lo mismo: más película, más arte, más conocimiento. Maya era de esas personas que no piden permiso para existir. Simplemente lo hacen. Y lo hacen con fuego.

Estaba en todos lados: universidades, círculos de artistas, rituales místicos, salones de poesía. Era bella, sí, pero lo que atraía era su mente. Su intensidad. Su obsesión por atrapar lo invisible. Algunos la amaban, otros no la soportaban. Porque Maya no era fácil. Era brillante, exigente y a veces indomable. Como su cine.

Lo triste es que murió joven, a los 44 años, en circunstancias tan misteriosas como sus películas. Algunos dicen desnutrición, otros hablan de mezcla de medicamentos, otros de algo más oscuro. Pero lo que nadie niega es que dejó una huella imposible de borrar. En un mundo dominado por hombres con cámaras, Maya Deren entró bailando y soñando. Y aún hoy, su eco sigue resonando cada vez que alguien graba con pasión y sin pedir permiso.

Así que la próxima vez que alguien te diga que el cine experimental es confuso, tú solo di: “¿Confuso? No. Es Maya Deren enseñándote a ver con los ojos del alma.”

 “La cámara es como la mente: puede viajar por el tiempo, romper la lógica, cambiar de perspectiva. El cine no debería copiar la realidad… debería descubrirla.”
Maya Deren

🧠 ¿Sabías que…?

  • Sus cenizas fueron esparcidas en Japón, un país que amaba por su estética del silencio y lo sagrado.
  • Maya fue la primera mujer en recibir una beca Guggenheim para cine.
  • Fue una de las pioneras en usar la cámara como si fuera un cuerpo más en escena, creando lo que hoy llamamos “cine corporal” o “coreográfico”.
  • Cuando no tenía dinero para película, proyectaba lo que ya había filmado una y otra vez, creando nuevas obras a partir del montaje.
  • Influenció a directores como David Lynch, Guillermo del Toro y hasta Beyoncé, que la mencionó como inspiración para Lemonade.

Escrito por Yui.

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