Cuando hablamos de lenguaje, muchas veces lo reducimos a gramática, normas o a un «buen hablar» que nos enseñaron en la escuela. Pero el lenguaje es mucho más que eso: es poder, es cultura, es una herramienta que construye la realidad. Y en ese terreno, una figura como la de María Victoria Escandell Vidal se vuelve fundamental. Porque ella no solo estudia cómo hablamos, sino por qué lo hacemos así, qué hay detrás de cada elección lingüística, y cómo esas elecciones se entrelazan con estructuras sociales, cognitivas y, sí, también con desigualdades.

Una lingüista en movimiento
Nacida en España en 1961, María Victoria Escandell Vidal ha dedicado su vida a investigar el lenguaje desde una perspectiva que cuestiona y propone. Su formación comenzó en la Universidad Complutense de Madrid, donde más tarde se doctoró bajo la dirección del reconocido lingüista Ignacio Bosque. Aunque podríamos quedarnos en su impresionante trayectoria académica —catedrática en la UNED y luego en la UCM, premios internacionales, publicaciones clave en semántica y pragmática—, lo verdaderamente inspirador es cómo ha usado su conocimiento para abrir caminos críticos sobre lo que significa comunicarnos.
Lenguaje, pensamiento y poder
Uno de los aportes más potentes de Escandell es su trabajo en la interfaz entre gramática, semántica y pragmática. Es decir, no se limita a las estructuras del lenguaje, sino que se adentra en cómo el contexto, la intención, la subjetividad y el conocimiento del mundo influyen en lo que decimos y entendemos.
En su libro La comunicación: lengua, cognición y sociedad (2014), deja clara una postura que invita a reflexionar: la comunicación no es solo transmisión de información, es un proceso profundamente social donde influyen nuestros roles, nuestras creencias y nuestras relaciones de poder.
Este enfoque resulta especialmente relevante desde una mirada feminista. ¿Cómo se codifican el machismo, el racismo, la clase social o la discapacidad en el lenguaje cotidiano? ¿Cómo perpetuamos opresiones a través de formas lingüísticas aparentemente «neutrales»? Escandell no da respuestas simplistas, pero su obra nos da herramientas para empezar a formular las preguntas adecuadas.
¿Qué dice el lenguaje sobre quiénes somos?
En un mundo donde el lenguaje se usa como arma —para excluir, etiquetar o silenciar—, pensar la lingüística desde lo social y lo cognitivo se vuelve un acto político. Escandell Vidal no se limita a teorizar desde la torre de marfil académica; su trabajo es una invitación a que observemos críticamente cómo hablamos y qué decimos cuando decimos. Por eso su Introducción a la Pragmática (2006) es más que un manual: es una guía para desarmar los mecanismos invisibles del lenguaje que damos por sentados.
Además, ha trabajado temas como la evidencialidad (cómo marcamos lo que sabemos y cómo lo sabemos), lo cual abre reflexiones importantes sobre la autoridad, la verdad y la legitimación del conocimiento —temas vitales en tiempos de desinformación, discursos de odio y silenciamiento de voces históricamente marginadas.
Una académica que inspira
En un campo tradicionalmente dominado por hombres, Escandell ha sabido hacerse un lugar y abrir espacios para nuevas generaciones de lingüistas, muchas de ellas mujeres. Ha dirigido tesis, coordinado colecciones académicas, y contribuido a divulgar la importancia de estudiar el lenguaje como un fenómeno vivo, cambiante y profundamente ligado a lo que somos como sociedad.
En 2022 fue elegida miembro de la Academia Europea, un reconocimiento a su trayectoria, pero también —queremos creer— a su forma de pensar la lengua como un territorio en disputa.
¿Por qué debemos leerla hoy?
Porque en un momento donde los discursos polarizados y la manipulación del lenguaje abundan, necesitamos más que nunca voces que nos ayuden a pensar, a desarmar lo dicho, a recuperar el poder de nombrar desde otros lugares. Porque sus investigaciones no solo nos enseñan sobre cómo funciona el lenguaje, sino que nos recuerdan que lo personal es político, incluso (y sobre todo) cuando hablamos.
Y porque visibilizar a mujeres como María Victoria Escandell Vidal no es un gesto simbólico: es reconocer que la producción de conocimiento también ha sido históricamente desigual, y que es urgente resignificar quién tiene voz, qué saberes se valoran y desde dónde se construye teoría.
Escrito por Lil GM

Buenas tardes:
¿De dónde habéis sacado la información de la autora?
Un saludo.
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