Las que traducen: el poder invisible de las mujeres que hacen hablar al mundo

Cada vez que abrimos una novela traducida, hay alguien más acompañándonos en la lectura: la persona que hizo posible que ese texto cruzara lenguas, culturas y significados. Pero rara vez la nombramos. En especial si es una mujer.

Históricamente, el trabajo de traducción ha sido feminizado: se ha considerado “auxiliar”, “secundario”, un oficio al servicio del verdadero genio —el autor. Esta idea, profundamente patriarcal, ha invisibilizado el aporte de miles de mujeres que no solo han traducido, sino que han interpretado, recreado y reinventado obras literarias con un cuidado que pocas veces se reconoce como creación.

Traducir también es escribir

Traducir no es solo trasladar palabras de un idioma a otro. Es habitar dos lenguas al mismo tiempo. Es leer en profundidad, identificar matices, encontrar el ritmo del texto original y buscar su eco en otra cultura, en otra lógica, en otro mundo.

Las traductoras —y usamos el femenino no como genérico, sino como reconocimiento— suelen estar al margen de los focos, a pesar de que su trabajo define la forma en que una obra será leída por generaciones. En el caso de la literatura escrita en inglés y traducida al español, ellas han sido las responsables de dar voz a cientos de autoras y autores en nuestra lengua.

Pilar Ramírez Tello: la autora invisible del sinsajo

Un ejemplo que ilustra el impacto de las traductoras es el caso de Pilar Ramírez Tello, responsable de traducir sagas de literatura juvenil como Los Juegos del Hambre, Divergente o La quinta ola. Su nombre no aparece en la portada, pero su huella está en cada página.

Pilar no se limitó a trasladar el texto de Suzanne Collins al español. Tomó decisiones fundamentales para la experiencia lectora.

Una de las más notorias: la invención del término «sinsajo» para traducir el original mockingjay, un ave ficticia que representa la resistencia en la historia.

Pudo haber dejado el término en inglés, o haber optado por una traducción literal sin sentido. Pero Pilar entendió que ese símbolo necesitaba una palabra que resonara en español. Así nació el sinsajo: una palabra nueva, sonora, potente, cargada de significado. Ese gesto es autoría. Y también es feminismo lingüístico.

¿Por qué no reconocemos a las traductoras?

Parte de la respuesta está en cómo entendemos el conocimiento y el arte: valoramos lo “original”, lo “propio”, lo “nuevo”. Pero ¿no es acaso una forma de creación reconstruir un texto para hacerlo comprensible y vibrante en otro idioma?

La traducción no solo transmite, también transforma. Y hacerlo bien requiere sensibilidad cultural, precisión ética y una inteligencia creativa que pocas veces se menciona cuando hablamos de literatura.

Además, la mayoría de los equipos editoriales siguen estando dirigidos por hombres, y las decisiones sobre créditos, visibilidad y reconocimiento muchas veces excluyen a quienes trabajan tras bambalinas. Y sí: muchas de ellas son mujeres.

Hacia una traducción feminista

Nombrar a las traductoras, visibilizar sus decisiones, reconocer su autoría, es un acto político. Es romper con la idea de que su trabajo es “invisible” por definición. Es desafiar el mito de que lo importante es el texto y no quien lo hizo posible en otra lengua.

Una traducción feminista no solo busca incluir el lenguaje inclusivo cuando el texto lo permite. También implica reconocer la historia de silencios y desigualdades que rodea a la práctica misma de traducir. Es preguntarnos: ¿quién ha tenido el poder de hacer hablar a otros? ¿Y a quién hemos dejado fuera de esa conversación?

Lo que Pilar nos enseña

Con decisiones como la del sinsajo, Pilar Ramírez Tello nos muestra que el lenguaje es poder, y que ese poder también puede usarse con responsabilidad, belleza y sensibilidad. Su trabajo —y el de tantas otras— nos recuerda que traducir es mucho más que una tarea técnica: es una forma de resistir, de cuidar y de crear.

Hoy, más que nunca, necesitamos visibilizar a las mujeres que traducen. Porque sin ellas, no solo perderíamos libros: perderíamos mundos enteros.

Escrito por Lil GM

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