Ngozi: La dama de hierro de África

¡Siéntate porque te voy a contar una increíble historia que todavía se está escribiendo!

Imagínate a una mujer que combina la realeza africana, la sabiduría de Harvard y el temple de acero que ni los políticos corruptos ni los economistas más duros han podido quebrar. Así es Ngozi Okonjo-Iweala, una nigeriana que no solo ha hecho historia, sino que la ha reescrito a su modo.

Nació el 13 de junio de 1954 en Ogwashi-Ukwu, un pueblito en el sureste de Nigeria. Pero ojo, no era cualquier niña. Su padre era un rey tradicional igbo, y su madre, una brillante profesora universitaria. Imagínate esas sobremesas familiares: debates académicos, cuentos de la realeza, y ella absorbiendo todo como esponja.

Desde chiquita tenía esa mirada de “yo voy a cambiar el mundo”. A los 19 años se fue solita a Harvard  y se graduó magna cum laude en Economía. Como si eso fuera poco, se lanzó a un doctorado en el MIT, donde se especializó en Economía Regional y Desarrollo. Era como si estuviera armando su propio escudo contra el machismo global.

Después de eso, trabajó 25 años en el Banco Mundial, subiendo peldaño por peldaño hasta llegar a directora gerente, una de las posiciones más altas.

Pero el verdadero drama empezó cuando decidió volver a Nigeria. ¡Ahí sí que mostró de qué estaba hecha! Fue ministra de Finanzas dos veces, en 2003 y 2011, y la primera mujer en ese cargo. Imagínate entrar a un sistema lleno de corrupción, con funcionarios que cobraban sin trabajar —¡más de 60 mil empleados fantasmas!— y decirles “se les acabó el jueguito”.

También convenció al Club de París de perdonar una deuda de 18 mil millones de dólares a Nigeria. Literal, salvó la economía de su país y le dolió a muchos, porque claro, no todos estaban listos para ver a una mujer hacer el trabajo sucio… y hacerlo bien.

Y claro, su lucha no fue sin consecuencias. En 2012, su mamá fue secuestrada por su trabajo en la limpieza del sistema financiero. Los secuestradores le exigieron que renunciara y detuviera sus políticas anticorrupción. Ella no cedió. Su madre fue liberada días después, pero el mensaje estaba claro: su trabajo incomodaba a los poderosos. A pesar del miedo, Ngozi siguió firme. Esa parte me da escalofríos porque no estamos hablando solo de políticas públicas, sino de coraje personal. Esa mujer arriesgó a su familia por hacer lo correcto.

En 2021, coronó su carrera al convertirse en directora general de la Organización Mundial del Comercio.

Y no fue fácil. Tenía el apoyo de casi todos los países, pero ¿quién la bloqueó? Trump, obvio. La administración estadounidense le puso trabas, pero cuando llegó Biden, se levantó el veto y Ngozi tomó su puesto como la primera mujer —y primera africana— al frente de la OMC. ¿No es para aplaudir de pie?

Hoy sigue ahí, defendiendo una economía global más justa, hablando fuerte con su acento africano, usando sus trajes tradicionales sin pedir permiso, y exigiendo igualdad de oportunidades. La han incluido en las listas de mujeres más poderosas del mundo por Forbes, TIME y hasta tiene su propio club de fans en el feminismo africano. Pero más allá de los premios y títulos, lo que me parece más inspirador es cómo se ha mantenido firme, sin doblegarse ante el poder ni traicionar sus principios.

Ngozi Okonjo-Iweala es la clase de mujer que nos recuerda que sí, se puede tener poder, inteligencia y sensibilidad social al mismo tiempo. Que se puede luchar contra el sistema y sobresalir.

Y nos muestra que mirar al mundo con otros ojos —como hacemos en Ojos Murasaki— no solo es posible, sino necesario.

«No des un paso atrás. No tengas miedo de ocupar espacio en el mundo. No asumas que eres demasiado joven o que la gente está demasiado ocupada para escucharte.»

Escrito por Yui

Fuentes consultadas:

¡Cuéntanos tu opinión!

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Web construida con WordPress.com.

Subir ↑