Berta Cáceres: defensora indígena y símbolo del ecofeminismo en América Latina

Berta Cáceres fue mucho más que una activista ambiental. Fue mujer, indígena lenca, feminista y símbolo de resistencia en América Latina. Nacida en 1971 en Honduras, creció en un hogar guiado por el compromiso social de su madre, quien fue partera, enfermera, alcaldesa y defensora de derechos humanos. Esa herencia marcó profundamente la vida de Berta, quien desde muy joven abrazó la lucha por su pueblo y su territorio.

Una vida al servicio de su comunidad

En 1993, Berta cofundó el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), una plataforma clave en la defensa de los territorios indígenas frente al avance de megaproyectos extractivistas que violaban los derechos ambientales y culturales del pueblo lenca. Su lucha más emblemática fue contra la represa Agua Zarca, planeada sobre el sagrado río Gualcarque. Berta sabía que este proyecto amenazaba la vida espiritual y material de su comunidad, y gracias a su resistencia se logró detener su construcción.

Ecofeminismo en acción

Berta Cáceres entendía que la defensa de la tierra no se podía separar de la lucha contra el patriarcado, el racismo y el capitalismo. Su activismo se enmarcaba en lo que hoy se reconoce como ecofeminismo y feminismo decolonial: una mirada crítica al modelo económico extractivista que oprime tanto a las mujeres como a la naturaleza. Ella misma lo dijo: “No es fácil ser mujer dirigiendo procesos de resistencia indígena”, reconociendo que muchas veces el mayor obstáculo no eran las corporaciones, sino el machismo estructural.

Una muerte que reveló la impunidad

La noche del 2 de marzo de 2016, Berta fue asesinada en su casa. Años después, se confirmó que los responsables fueron sicarios contratados por directivos de DESA, la empresa encargada del proyecto hidroeléctrico. El juicio reveló una red de intereses entre empresa privada y militares. Aunque hay condenas, su hija y el COPINH siguen exigiendo justicia completa y el fin de la impunidad.

Su legado sigue vivo

A pesar del intento por silenciar su voz, Berta Cáceres se ha multiplicado. Su historia inspiró a miles de mujeres, comunidades indígenas y defensores ambientales en todo el mundo. Recibió el Premio Goldman en 2015 y, de forma póstuma, el Premio Sájarov en 2021. Su figura es hoy símbolo de lucha feminista, comunitaria y ecológica.

En palabras de su hija Laura: “No está muerta, está multiplicada”. Y en las propias de Berta:

“¡Despertemos humanidad! Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal”.

Fuentes

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