Cristina de Suecia: una reina que vivió a su manera

Recién vi una película llamada Queen Christina, a la cual llegué por un trocito que vi en TikTok, donde la reina, vestida de hombre, besa a una mujer de su corte. Para ser una película de los años 30… me pareció bastante curioso. Pero más curioso fue descubrir que está basada en la vida de un personaje que realmente existió y cuya historia real es mucho más interesante que la película. Así que… hoy quiero contarles un poco de quién fue Cristina de Suecia.

Nació en Estocolmo el 8 de diciembre de 1626, hija de un rey envuelto en una larga guerra y de una madre que no estaba particularmente emocionada por tener una hija, pues quería darle un heredero hombre al rey.

Algo bien curioso fue que el Consejo del Reino había aceptado la posibilidad de heredar el trono a una mujer, y el rey Gustavo (padre de Cristina) aprovechó para nombrarla como su heredera oficial… si no tuviera un niño en el futuro. Y eso no pasó, porque solo tres años después el rey murió en la Guerra de los Treinta Años, del lado protestante. Cuando murió, Cristina se convirtió en reina y fue preparada por el canciller Oxenstierna, designado como su tutor por el rey con antelación.

Anónimo: La reina Cristina de Suecia a los 6 años de edad, ca. 1632.

Gran parte de su infancia la pasó con su primo Carlos Gustavo, su tía paterna y el canciller. En la época de la pubertad volvió con su madre, pero no congeniaban, así que estuvo al cuidado de la hermana del canciller hasta que tuvo edad para coronarse.

El canciller, junto con el obispo, se encargaron de educarla en política, asuntos de Estado, idiomas, filosofía, teología, astronomía y más. El obispo hablaba de lo buena que era para los estudios y de la gran curiosidad que tenía, que la llevaba a querer aprender de todo. Pero para lo que era la mejor, era para los idiomas. Esta curiosidad la llevó a interesarse en el arte y se hizo amiga por correspondencia de Descartes. También se cuenta que casi no dormía porque prefería leer.

Y no solo destacaba por ser intelectual: era fuerte de cuerpo y temperamento, vivaz y llena de energía, por lo que practicó esgrima, equitación y cacería. No le gustaban las joyas, los grandes vestidos ni todas esas cosas propias de una dama de la época. A ella le gustaba vestir cómoda y era normal verla vestida como hombre.

Y… probablemente fue queer. En la película se muestra que tiene una relación con una condesa, pero luego se enamora de un embajador español. En su biografía, en cambio, se cuenta que era muy amorosa con una de sus primas.

A los 16 años empezó a involucrarse con el Consejo, demostrando lo inteligente y preparada que estaba. Así que, a los 18, poco a poco tomó su lugar como soberana de Suecia, logrando un tratado de paz con Dinamarca, y a los pocos años puso fin a la Guerra de los Treinta Años, quedando Suecia como potencia en esa región de Europa. Dos años después de eso, asumió por completo su papel como reina. Su primo Carlos fue designado sucesor (esto es importante, no lo olviden).

Con su llegada al poder, Cristina enfocó energías en restaurar el acervo cultural de su país, destruido por la guerra. Adoptó la frase “La sabiduría es el pilar del reino” e invirtió bastante en la adquisición de arte. Además, se convirtió en mecenas de diferentes artistas a quienes llevaba a su corte. Incluso Descartes la visitó (lástima que muriera ahí al poco tiempo). Llegaron tantos intelectuales y creció tanto que Suecia se consideró el centro del humanismo en Europa en algún momento, y a ella se le llamó “Minerva del Norte”.

Y todo iba relativamente bien… hasta que empezó a ir relativamente mal.

Todo el reino esperaba algo de ella más que cualquier progreso: un heredero. Cristina debía casarse y tener hijos que heredaran el trono. Ella simplemente no quiso. Anunció que nunca se casaría y no dio motivos. Esto, obviamente, no le gustó a los nobles y hubo tensiones. A la par, había un pleito entre la plebe y la nobleza por temas de impuestos; ella negoció que la dejaran en paz y aceptaran a su primo Carlos como sucesor a cambio de no reducir los impuestos. Los nobles aceptaron.

Abdicó. No dio explicaciones, pero dijo que eventualmente entenderían el porqué; al parecer, nadie en su época lo entendió. Aunque le insistieron, ella solo dijo: “Si el Consejo supiera las razones, no le parecerían tan extrañas”. (Yo me quedaré con la idea de que era lesbiana y no quería casarse con un hombre, sino ser fiel a sí misma).

Una vez libre de la corte real y con un acuerdo que le aseguraba ingresos económicos por el resto de su vida… se fue a viajar. En España hizo algo controversial: se convirtió al catolicismo, algo que fue visto como una traición, incluso a su padre que murió peleando por el protestantismo. Fue recibida con gran aprecio en Roma, tuvo reuniones con el Papa, se le celebraba. Su nuevo nombre, tras el bautismo, fue María Cristina Alexandra Vasa.

En Roma estudió mucho más. El Papa le asignó un cardenal (Decio Azzolino) para hacerle compañía; era más joven que ella, y se hicieron mejores amigos.

Vivió también en Francia. Ahí descubrió que era espiada por un noble, mandó a ejecutarlo y eso le trajo muchos problemas, pues ya no era reina… así que no tenía el derecho de dar ese tipo de órdenes.

Cuando su primo murió y hubo un nuevo rey, Suecia entró en guerra, lo que hacía que el dinero llegara tarde. Además, ya no la querían tanto por su cambio de fe. Su mejor amigo fue el único que supo cómo manejarlo. Él se encargó de gestionar mejor su economía. Se cree que estos problemas financieros la llevaron a que, cuando vivió en Estocolmo, aprendiera alquimia y el estudio de la piedra filosofal.

Durante sus últimos años, volvió a Roma, donde se encargó de fomentar la cultura de la ciudad como había hecho con su país. Se interesó por la arqueología y patrocinó excavaciones que resultaron en el descubrimiento de esculturas de las musas. Construyó un observatorio y contrató astrónomos. Atrajo a personas afines a Galileo Galilei, músicos, poetas, escultores. En algún momento escribió su autobiografía (inconclusa), publicó reflexiones y hoy se conoce algo de su correspondencia.

Con el tiempo, tuvo que relajar sus inversiones por problemas económicos. Enfermó a los sesenta y tantos. Cuando su salud estaba mal, escribió un testamento, nombrando a Azzolino como su heredero total, quien murió poco después de ella.

Su funeral fue una gran celebración, aunque ella había pedido algo sencillo.

Hasta el último momento, vistió como hombre, destacó y vivió como quiso, con sus propias reglas.


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