Emmeline Goulden: Pionera del sufragio femenino en Reino Unido

Imagínate estar en la Inglaterra de finales del siglo XIX. Las mujeres no podían votar, no podían ser electas, y sus opiniones políticas eran vistas casi como un chiste. En medio de todo eso, nace en 1858, en Mánchester, una niña de espíritu inquieto: Emmeline Goulden. Desde muy pequeña, notó que el mundo no trataba igual a hombres y mujeres, y eso no le gustaba nada. Mientras sus hermanos varones eran alentados a estudiar y opinar, a ella le tocaba ser “la señorita educada”. Pero su madre, por suerte, tenía ideas revolucionarias, y la llevaba de la mano a mítines por el derecho al voto femenino. Esa semilla germinó para siempre.

Aunque en su juventud no tuvo acceso a las mejores universidades (porque claro, las puertas estaban cerradas para las mujeres), Emmeline estudió en París y absorbió ideas modernas sobre igualdad, justicia y política. A los 20 años conoció al amor de su vida: Richard Pankhurst, un abogado 24 años mayor que ella, defensor acérrimo del sufragio femenino. Juntos tuvieron cinco hijos y formaron un hogar profundamente político. Él escribía leyes a favor de los derechos de las mujeres y ella organizaba eventos. Fue un matrimonio de mentes y pasiones, que la impulsó a ser más que madre y esposa: a ser líder.

Cuando Richard murió en 1898, Emmeline quedó devastada, pero no vencida. Al contrario, esa pérdida la empujó a volcarse de lleno en la política. En 1903, fundó la organización que cambiaría el rumbo de la historia británica: Women’s Social and Political Union (WSPU). No era un grupo cualquiera. Su lema era claro y directo: “Hechos, no palabras”. Emmeline ya estaba harta de las promesas vacías. No quería flores ni discursos bonitos, quería resultados.

Y los hechos fueron intensos. Las sufragistas de la WSPU se encadenaban a faroles, rompían vitrinas de tiendas, interrumpían reuniones políticas y quemaban buzones como símbolo de protesta. Muchas personas las criticaron, pero ellas sabían que sin incomodidad no habría cambio. Emmeline misma fue arrestada más de 10 veces, y se declaró en huelga de hambre en varias ocasiones. Eso llevó a una práctica brutal del gobierno: la alimentación forzada, que dañaba el cuerpo y la dignidad. Pero nada, nada, hizo que se rindiera.

Las cosas no fueron fáciles ni dentro de su propio hogar. Su hija Sylvia, por ejemplo, también era activista, pero tenía ideas más orientadas a la clase trabajadora y al socialismo. Se distanciaron por sus diferencias ideológicas. Christabel, otra de sus hijas, fue su mano derecha durante muchos años. A pesar del amor entre ellas, las discusiones familiares eran intensas. ¿Te imaginas tener una madre tan apasionada que su causa lo es todo, incluso por encima de la armonía familiar? Así era Emmeline.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, sorprendió a muchos al decidir suspender las actividades del movimiento para apoyar al gobierno en el esfuerzo bélico. Cambió de discurso: ahora pedía que las mujeres tomaran los trabajos de los hombres mientras ellos iban a la guerra. Esto le trajo más críticas, pero ella lo veía como una oportunidad: si las mujeres demostraban que podían mantener a la nación en pie, sería imposible negarles sus derechos después.

Y tuvo razón. En 1918, se aprobó una ley que permitía votar a las mujeres mayores de 30 años que cumplían con ciertos requisitos de propiedad o educación. No era el voto pleno, pero era un paso monumental. Ella lo celebró, pero sabía que aún faltaba camino. Tristemente, no llegó a ver la victoria completa: murió en 1928, justo antes de que se aprobara el sufragio universal para todas las mujeres mayores de 21 años, en igualdad con los hombres.

Durante su vida, Emmeline fue muchas cosas: esposa, madre, activista, ícono. Fue adorada y odiada, pero nunca ignorada. Lo que más se le reconoce es haber transformado el sufragismo británico en una fuerza visible, poderosa y, sobre todo, imparable. Ella no pedía permiso: exigía respeto.

¿Y sabes qué es lo más bonito? Que su legado no murió con ella. Gracias a su valentía, millones de mujeres en todo el mundo pudieron empezar a construir su propio destino. Su historia es una inspiración para todas nosotras, cuando sentimos que el mundo aún no nos escucha o que la injusticia nos supera.

Así que si algún día sientes que tu voz no importa, acuérdate de esta frase suya, que sigue retumbando con fuerza:

“Nunca se ha hecho nada sin grandes sacrificios, y las mujeres no serán libres sin ellos.”

Escrito por Yui

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