Si alguna vez te preguntaste de dónde viene eso de que “no se nace mujer, se llega a serlo”, déjame contarte sobre la mente brillante detrás de esa frase: Simone de Beauvoir, filósofa, escritora, feminista y una mujer tan intensa como el siglo en el que vivió.
Simone nació en París, en 1908, en una familia burguesa venida a menos. Desde niña, fue una estudiante excepcional. Le fascinaban los libros, las ideas, los debates. Su inteligencia destacaba tanto que llegó a estudiar en la Sorbona y más tarde obtuvo el título más alto en filosofía, siendo la segunda mujer en lograrlo en Francia.
Desde muy joven, entendió que si quería pensar y escribir libremente, tenía que romper con todo lo que la sociedad esperaba de una mujer: casarse, tener hijos, quedarse en casa. Y ella no quería nada de eso.

En la universidad conoció a Jean-Paul Sartre, su gran amor, compañero intelectual y cómplice existencial. Pero su relación no fue convencional. Pactaron no casarse ni vivir juntos, y tener libertad para explorar otras relaciones. Simone lo amó intensamente, aunque muchos coinciden en que Sartre no siempre fue justo con ella. Aun así, su vínculo marcó profundamente su obra y su vida. Eran dos mentes brillantes empujándose, desafiándose, escribiendo sin parar.
Pero no creas que Simone era “la sombra” de Sartre. Para nada. Ella tenía su propia voz y la hizo resonar alto. En 1949 publicó “El segundo sexo”, un libro que revolucionó el pensamiento feminista. Con un enfoque filosófico y existencialista, analizó cómo la sociedad construye la idea de “mujer” como una figura secundaria frente al “hombre universal”. Fue la primera en decir, con todas sus letras, que la feminidad no es biológica, sino cultural. Que no nacemos con roles, nos los imponen.
El libro fue escandaloso para la época. Lo prohibieron en países como España y el Vaticano lo condenó, por “blasfemo”. Pero también se convirtió en una biblia para generaciones enteras de mujeres. Simone desmenuzó temas como el matrimonio, la maternidad, el trabajo, el cuerpo, el amor… todo bajo una mirada crítica, audaz y profundamente humana.
Además de filósofa, fue novelista, ensayista y activista. Escribió memorias donde se mostraba tal cual era: compleja, apasionada, contradictoria. Viajó por todo el mundo, apoyó luchas sociales, como la independencia de Argelia y los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.
En los años 70, firmó el famoso “Manifiesto de las 343”, donde ella y otras mujeres confesaron haber abortado, desafiando abiertamente la ley francesa. Fue un acto de valentía y un golpe directo al sistema.
Simone no tuvo hijos, no se casó, no vivió una vida “tradicional”. Y eso la hizo libre, aunque a veces también la hizo sentirse sola. En sus escritos, deja ver sus dilemas, sus heridas, sus amores frustrados, y su eterna pregunta: ¿cómo ser una mujer libre en un mundo que no nos quiere libres?
Murió en 1986, a los 78 años. Fue enterrada junto a Sartre, con quien compartió más de cincuenta años de historia intelectual y emocional. A su funeral acudieron miles de personas, sobre todo mujeres jóvenes que se sabían herederas de su pensamiento.
Simone de Beauvoir fue una mujer que cuestionó todo. Desarmó mitos, denunció desigualdades, y nos enseñó que la libertad no es cómoda, pero sí imprescindible.
Y si alguna vez te preguntas por qué luchar por ser tú misma, sin etiquetas ni moldes, recuerda esta frase suya:
“No se nace mujer: se llega a serlo.”
Escrito por Yui

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