¡Amiga, prepárate para el chisme ciencia, porque la historia de Rita Levi-Montalcini es de esas que se cuentan entre café y confesión! Rita nació en 1909 en Turín, Italia, en una familia judía repleta de talento: su papá, Adamo, era ingeniero y matemático, y su mamá, Adele, pintora.
Desde pequeña, Rita mostraba curiosidad y rebeldía; no le gustaban los estereotipos, y aunque su familia quería que fuera ama de casa, ella soñaba con ser médica y científica.
—¡No sabes! En esos tiempos Italia estaba muy cerrada para las mujeres, y más para las judías. Rita se inclinó por la medicina tras la muerte de su niñera, pero debió luchar contra la opinión de su padre y el contexto social. Se graduó summa cum laude en la Universidad de Turín en 1936, y se especializó en neurología y psiquiatría.
Poco después, el avance del régimen fascista trajo leyes antisemitas y la expulsaron de la universidad por su origen judío. ¿Y qué hizo Rita? ¿Llorar y rendirse? Para nada. Montó un laboratorio clandestino en el dormitorio de su casa. Usaba agujas de coser y huevos de gallina para sus experimentos sobre crecimiento nervioso. Hasta los reactivos del día podían convertirse en almuerzo si escaseaba la comida. ¡Había que sobrevivir!.
En plena guerra, cuando los nazis invadieron Italia, Rita se refugió en Florencia y siguió la investigación, incluso colaborando con la Cruz Roja como médica. Al acabar el conflicto, regresó a Turín y retomó la vida universitaria. Pero la aventura científica solo estaba comenzando.
—¿Sabías que fue invitada a EE.UU. por Viktor Hamburger? Lo que sería un viaje de seis meses terminó siendo ¡treinta años! Rita se estableció en la Universidad de Washington en San Luis y colaboró con Stanley Cohen. Juntos descubrieron el factor de crecimiento nervioso (NGF), una molécula clave para el desarrollo de neuronas,

Por este hallazgo, Rita y Cohen recibieron el Premio Nobel de Medicina en 1986. Esta proteína permitió estudiar enfermedades como el cáncer, la demencia, y crear tratamientos novedosos. Rita, además, fue la primera mujer en recibir muchos premios, como el Max Weinstein y la Medalla Nacional de Ciencia de EE.UU. También fue parte de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU., de la Academia Francesa y, ojo amiga, la primera mujer aceptada en la Pontificia Academia de las Ciencias.
Volvió a Italia, fundó laboratorios, dirigió el Centro de Investigación Neurobiológica y presidió el Instituto Europeo de Investigación Cerebral. Siempre con bata blanca y pelo recogido, Rita era como la jefa intelectual de todos; mentora, profe y revolucionaria.
—¡No paró ahí! Rita fue senadora vitalicia italiana en 2001, y luchó toda su vida por la igualdad de género y que las chicas pudieran acceder a la educación y la ciencia. Creó fundaciones en favor de mujeres y jóvenes de África, e impulsó centros de estudio enfocados en justicia social, y hasta colaboró con organismos para eliminar minas antipersona luego de su experiencia en la guerra.
Un cotilleo interesante: durante los años 70 se vio envuelta en polémicas por un medicamento llamado Cronassial, que fue retirado por efectos secundarios. Pero su legado sobrevivió a toda controversia—y ella también, porque trabajó, publicó y orientó a estudiantes hasta sus últimas semanas de vida.
—Dicen que nunca se casó ni tuvo hijos porque sentía que su vocación absoluta era la ciencia. Su forma de ver la vida era: ¡no te limites por el miedo ni los límites ajenos! Publicó “Elogio de la imperfección”, donde defendía que el error y la rebeldía son parte vital del aprendizaje creativo.
En sus últimos años, Rita mantenía rutinas:
- Se levantaba a las siete, leía y supervisaba academias científicas.
- Seguía activa como senadora, impulsando leyes de igualdad.
- Publicó su último artículo científico a los 102 años.
- Su Fundación Rita Levi-Montalcini sigue becando a chicas africanas para formarse en ciencia y tecnología.
Murió tranquilamente en Roma el 30 de diciembre de 2012, con 103 años. El mundo la despidió como símbolo de la lucha por el conocimiento, el coraje y la ternura intelectual. Fue reconocida hasta sus últimos días como «la dama de la neurona», y sigue inspirando a mujeres y científicas por igual.
—Si hay una frase que resume su energía es esta:
“Después de siglos de inactividad, las mujeres jóvenes pueden ahora mirar hacia un futuro moldeado por sus propias manos.”
Escrito por Yui

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