Rompiendo el mito de la Supermujer

La «supermujer» nació como una promesa de liberación, pero se convirtió en una nueva prisión. En algún momento de las últimas décadas, a las mujeres se les dijo que podían tenerlo todo: una carrera exitosa, una familia perfecta, un cuerpo envidiable, una casa impecable, relaciones armoniosas y además ser felices en el proceso. Lo que no se mencionó es que «tenerlo todo» significaba en realidad «hacerlo todo».

Este mito no surgió por casualidad. Es el resultado de una sociedad que integró a las mujeres al mercado laboral sin redistribuir las cargas del hogar, que celebra la productividad sin límites, y que ha convertido el agotamiento femenino en algo normalizado e incluso admirado.

La realidad detrás de la máscara

Detrás de cada mujer que parece tenerlo bajo control, hay una lista mental interminable: recordar las citas médicas de los hijos, planear las comidas de la semana, coordinar horarios, mantener las relaciones familiares, cumplir en el trabajo, responder mensajes, organizar eventos, y la lista continúa. Esta carga mental invisible es agotadora y rara vez se reconoce como trabajo real.

Las estadísticas son claras: las mujeres en todo el mundo siguen realizando la mayor parte del trabajo doméstico no remunerado, incluso cuando trabajan las mismas horas que sus parejas fuera de casa. La «doble jornada» no es un mito, es la realidad cotidiana de millones de mujeres.

El resultado es predecible: agotamiento crónico, ansiedad, burnout, problemas de salud física y mental, y una sensación constante de no ser suficiente. Porque el estándar de la supermujer es, por diseño, inalcanzable.

Desde niñas, se nos enseña a ser complacientes, serviciales, a no molestar, a pensar en los demás primero. Se nos premia por ser «buenas niñas» que no causan problemas, que ayudan, que cuidan. Estos mensajes se convierten en mandatos internos que llevamos a la edad adulta:

Estos pensamientos no aparecieron de la nada. Son el resultado de siglos de socialización que nos enseñó que nuestro valor está en cuánto podemos dar a otros, no en cómo nos cuidamos a nosotras mismas.

Intentar ser «todo»

Salud física y mental

El estrés crónico tiene consecuencias tangibles: problemas cardiovasculares, trastornos del sueño, dolores crónicos, problemas digestivos, sistema inmunológico debilitado. El cuerpo no puede sostener indefinidamente el ritmo que exige el mito de la supermujer.

La ansiedad y la depresión son epidémicas entre las mujeres, especialmente en edades donde se acumulan múltiples roles: profesional, madre, pareja, cuidadora de padres ancianos. El sentimiento constante de inadecuación desgasta la autoestima y el bienestar emocional.

Relaciones personales y pérdida de identidad

Irónicamente, el intento de ser perfecta para todos puede dañar las relaciones. La frustración acumulada sale en resentimiento, la falta de tiempo impide conexiones profundas, y el agotamiento deja poco espacio para el disfrute genuino de las personas que amamos.

Cuando toda tu existencia gira alrededor de cumplir roles y expectativas externas, es fácil perder de vista quién eres realmente. Muchas mujeres llegan a cierto punto de sus vidas sin saber qué les gusta, qué desean, o quiénes son fuera de sus funciones para otros.

Desmantelando el mito: Pasos hacia la liberación

Si te sientes abrumada, agotada o insuficiente, no es porque seas débil o incapaz. Es porque estás intentando cumplir con estándares imposibles en un sistema que no fue diseñado para sostenerte. El problema es estructural, no personal.

Cada vez que pienses «debería poder con esto», pregúntate: ¿según quién? ¿Esta expectativa es realista? ¿La aplicaría a alguien más a quien quiero? Muchas veces somos más duras con nosotras mismas que con cualquier otra persona.

No tienes que explicar, justificar o pedir perdón cada vez que dices que no. «No puedo» o «no me funciona» son respuestas completas. Al principio se sentirá incómodo, especialmente si has pasado años siendo la persona a la que todos recurren, pero es una habilidad vital.

Si vives con otras personas, las responsabilidades deben ser compartidas, punto. Esto no es negociable. Los hijos pueden y deben colaborar según su edad. Las parejas no «ayudan» en la casa, son corresponsables del espacio que habitan. Deja de compensar la falta de participación de otros haciendo tú el doble.

La casa no tiene que estar impecable. La comida puede ser simple. Los niños pueden usar ropa arrugada. No todas las actividades escolares requieren tu presencia. Está bien hacer las cosas «suficientemente bien» en lugar de perfectamente.

Pedir ayuda no es debilidad, es inteligencia. Ya sea apoyo de familiares, amigos, servicios profesionales o redes comunitarias, no tienes que hacerlo todo sola. Y si alguien te ofrece ayuda, acéptala sin el reflejo automático de minimizar lo que necesitas.

El verdadero éxito no es poder con todo. El verdadero éxito es saber qué merece tu energía y qué no. Es construir una vida que sea sostenible, no impresionante desde afuera. Es sentirte en paz contigo misma, aunque tu casa esté desordenada y tengas pendientes sin resolver.

El éxito es dormir bien porque no te quedaste hasta las tres de la madrugada haciendo todo lo que «debías» hacer. Es tener energía para disfrutar un momento con las personas que amas porque no la gastaste toda cumpliendo expectativas ajenas. Es conocerte, respetarte y defenderte.

Romper con el mito de la supermujer es un acto de rebeldía necesario. Es negarte a seguir sosteniendo un sistema que se beneficia de tu agotamiento. Es priorizar tu bienestar sobre la comodidad de otros. Es recordar que eres una persona completa, no una máquina de servicios.

No necesitas ser extraordinaria en todo. De hecho, no necesitas ser extraordinaria en nada. Necesitas ser humana, completa, con limitaciones y necesidades válidas. Necesitas ocupar espacio, descansar, equivocarte, y aun así saber que eres suficiente.

La supermujer no existe, y está bien. Mejor que bien: es liberador. Porque del otro lado de ese mito imposible está algo mucho más valioso: una vida real, sostenible, y genuinamente tuya.


Escrito por Yui

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